Hoy os voy a dejar el cuento que hice con la inspiración de mis alumnos de 4º para concienciar al mundo de los buenos hábitos que hay que tener para cuidar nuestro mundo, nuestra casa, en fin, nuestra existencia. Ellos también participaron en dicho cuento, a parte de su aportación de ideas, también fueron ellos los que aportaron las ilustraciones para dicho cuento, en donde por votación popular se llegó a dos ganadores: Carolina Soler y Eduardo Guillén,
Quedando como ganador final Eduardo Guillén.
DISFRUTAD DE SU LECTURA!!!!
DANO, EL
DINOSAURIO
Érase una vez un dinosaurio muy pequeño que vivía en América, hace muchos, muchos años. El pequeño dinosaurio se llamaba Dano, tenía la nariz respingona, unos ojos tan grandes como platos y una sonrisa con unos grandes colmillos. Su cuerpo, como todo dinosaurio que se aprecie era delgadillo a partir del cuello pero se iba ensanchando según bajaba, con unos brazos muy cortitos aunque tenía una cola muy larga y fuerte.
Él vivía en el Amazonas, un lugar salvaje en América del sur, según dicen los mayores: “el Amazonas es el pulmón del mundo”, realmente Dano no entendía esa expresión, lo que quería decir, porque él sabía dónde estaban sus pulmones pero no entendía porque todos los pulmones del mundo se encontraban allí.
-¡Estos mayores como son, siempre tienen refranes para todo y yo no los entiendo!- se lamentaba Dano haciéndose el fuerte para superar esa ignorancia.
-¡Pero tenerlo por seguro que algún día voy a adivinar qué es lo que quieren decir!-les comunicaba a unas flores preciosas que se encontraban allí.
Las flores asintieron, mirándose una a otra y encogiéndose de hombros. A pesar de ello, les dijeron a Dano que sí, que tenía razón, inclusive animándole a ello.
-¡¡¡Vamos Dano, tu puedes a eso y a mucho más!!!-gritaron las flores entusiasmadas.
Un buen día, Dano iba jugueteando por la selva cuando vio un círculo muy grande en medio del escampado que se encontraba en medio de la selva. Ni corto ni perezoso, decidió ir a ver que era ese gran círculo.
-¿¿¡¡ A ver, a ver, que será este círculo??!! ¿¿A lo mejor, puedo jugar con él??- se preguntó intrigado.
Según se iba acercando, el círculo se hacía más brillante, él no podía parar de correr para donde se encontraba el círculo y sin pensarlo demasiado por la emoción, dio un salto dentro de él y…
Dano, de pronto se encontraba en otro lugar que no era el suyo,
asustado empezó a mirar de un lado a otro. Todos los edificios eran grandes,
muy grandes y altos, muy altos; luces por todos sitios, unos animales que él no
conocía que corrían mucho, de diferentes colores que chillaban de una manera
muy rara y expulsaban unos humos por detrás, en la espalda. Dano estaba
alucinado.
Unos minutos después, Dano se encontró a un perro vagabundo
que ambulaba por las calles de esa ciudad tan rara. Dano desesperado, fue
directo hacia él, todo lastimoso.
-¡¡Oye!!¡¡ Animal de cuatro patas!! ¿Te puedo hacer una
pregunta?- Dano preguntó…
El perro lo miro de arriba abajo, se encogió de hombros y le
miro como si esperara que le hiciera la pregunta de una vez. Ante esto, Dano
preguntó:
-¿En qué selva estamos que yo no la conozco?
-¡¡selvaaa!!! Permíteme que me ría,¡¡ jajaja!!-exclamó el
perro.
-Esto es la ciudad de Manhattan, en América. No es ninguna
selva-informó el perro.
-¿Y los animales que van corriendo muy deprisa y echan humo,
no fuego, echan humo por detrás, quiénes son?-preguntó Dano con curiosidad.
-¡¡jajaja!! Esos son los coches, automóviles para las
personas que vayan de un lado para otro sin que ellos anden o corran como
nosotros. Ya ves, la sociedad ha evolucionado mucho para que los seres humanos
se hagan más vagos-comentó el perro muy coherentemente.
Dano, estaba sin palabras, no entendía nada de lo que estaba
pasando, ya que él se encontraba tan a gusto en su selva jugando que ahora en
esta parte del mundo en donde no había tierra, hierba, árboles y un cielo
transparente como el cristal.
De repente, Dano se echó a llorar, las lágrimas le caían a borbotones.
El perro, todo preocupado le empezó a preguntar:
-¿Qué te pasa buen amigo? ¿Por qué lloras tan
desconsoladamente?
-Estoy muy triste, me estoy dando cuenta que echo de menos
mi selva, mis árboles, mis plantas, mis amigos los animales y ahora siento que
no puedo respirar…-dijo Dano entre cortado.
-¡No te preocupes, esto es así, te acostumbraras, confía en
mí!-aseguro el perro.
Dano no se lo creía, ahora le venían a su cabeza esas
palabras que decían los mayores “el amazonas es el pulmón del mundo”
-¡Ahora lo entiendo!!-salto de alegría.- los mayores son
sabios.
-¿¡Cómo, no te entiendo!?-extrañado el perro.
-Te explico, buen amigo…yo tenía una duda de por qué los
mayores decían que mi selva era el pulmón del mundo, el Amazonas, y ahora lo
entiendo todo. Ante este problema que tenéis en esta civilización tiene fácil
solución, díselo a los humanos que no se enteran “plantar árboles” para que podáis” respirar
vida”. ¿Lo harás?-le comento Dano razonando su filosofía.
-¡No te preocupes mi pequeño gran amigo, lo haré!-confirmo
el perro.
Al decir esas palabras, Dano desapareció y volvió a su selva
del alma.
Escrito por: JULIA CASANOVA